El espacio de trabajo pensado y diseñado como facilitador estimulando la eficiencia y creatividad de los colaboradores.
La tecnología ha impactado de manera definitiva no solo en las formas de comunicarse sino en las formas de habitar y trabajar. Con el nuevo acceso a la información y la posibilidad de estar conectado desde cualquier lugar y momento, se modifica la necesidad de presentismos y de cumplir horarios fijos en las oficinas. Esto libera a que un trabajo se pueda realizar en el momento y desde el lugar donde el colaborador tenga más inspiración, motivación o se sienta mas productivo. ¿Por qué debería escribir un informe de 9.00 a 17.00 en una oficina llena de gente e interrupciones, si lo voy a hacer de forma más eficiente por la noche y desde un lugar confortable y silencioso? ¿Por qué debería esperar a transportarme a la oficina para realizar un informe si puedo hacerlo desde casa o el café de la esquina? La vieja modalidad de trabajo está siendo sustituida por prácticas mas ágiles, en las que el individuo tiene verdadera autonomía sobre su patrón laboral. El trabajo se mide hoy por resultados y metas u objetivos a alcanzar. Las empresas están dejando de ser organizaciones rígidas para convertirse en redes flexibles, buscando sacar lo mejor de sus empleados.
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¿Cómo impactan estas nuevas formas de trabajo y el uso de la tecnología en el espacio laboral?
Con la conectividad y el acceso a la información de forma remota, las personas irán a la oficina ya no porque es un una obligación y una necesidad para ejecutar sus tareas, sino porque es el lugar donde encontrarse con su equipo, intercambiar y colaborar; van en búsqueda de un espacio que impulse la creatividad y la generación de ideas innovadoras.
El nuevo desafío será crear entornos que motiven y propicien las relaciones y experiencias, que permitan a cada empleado elegir donde, cómo y cuando trabajar, potenciando su productividad. El espacio debe estar pensado y diseñado para ser un facilitador, que fomente la eficiencia y la creatividad e inspire a los colaboradores. Por esta razón será imprescindible buscar soluciones que conjuguen lo privado y lo compartido, áreas abiertas de escritorios con pequeñas zonas aisladas, alternando espacios comunes con otros más íntimos y confortables. La privacidad no se genera levantando muros, sino controlando los estímulos internos y externos, por ejemplo con separaciones flexibles, materiales fono-absorbentes, o filtros que aporten el grado de intimidad y confort necesario para las diferentes tareas.
Las diferentes áreas de una oficina serán aprovechados por diferentes personas en distintos momentos y con diferentes propósitos. Por ejemplo, un miembro que llega a la oficina en la mañana puede comenzar a leer sus correos mientras se toma un café en el área de comedor, luego reunirse en un “nook” (pequeño espacio, parcialmente separados para reuniones espontáneas) con un equipo de 2 a 4 personas para discutir un tema de colaboración, posteriormente aislarse en espacio privado (“phone booth”) para contestar una llamada telefónica, y terminar sus tareas en los escritorios ubicados en un espacio abierto para interactuar con los miembros de su equipo. Paralelamente, otro colaborador puede llegar a la oficina al mediodía para tener un almuerzo de trabajo en el área de comedor, y seguir en la tarde realizando sus tareas individuales en un espacio aislado y más intimo. De esta forma el espacio tiene la capacidad de contener diferentes tipos de actividades laborales según los requerimientos de los usuarios.
Cada empresa tiene su propia cultura y ADN, por lo tanto, no existe un layout que se pueda repetir indiscriminadamente, sino que cada caso tendrá un diseño particular. El común denominador a todos es la capacidad que debe tener el espacio de adaptarse a nuevos requerimientos y futuros cambios, y para esto deber ser un espacio flexible y versátil.
Eliana Alonso
Socia de A I R E arquitectas
17 de enero
